sábado 25 de abril de 2009

Detectives en el country

La columna de Ava Gardner


De repente se había vuelto moda. Mucha gente compraba o alquilaba casas quinta en las afueras de la ciudad. Lo mismo hicieron José e Isabel, los amigos de mis padres.

Compraron una casa en La Martona.

Yo iba casi todos los fines de semana por ser muy amiga del hijo del medio de la familia (que además había sido mi noviecito del jardín) y la hija menor.

En esa época aprendí a jugar al ajedrez. 

Nos metíamos en la pileta con la orca inflable hasta que nos sacaban a la rastra, prácticamente.

Por la noche - con otros niños más - jugábamos incansablemente a "Descubrir al asesino". Hacíamos un sorteo en el que cada papelito tenía una profesión: jardinero, mayordomo, dueño de casa, detective, etc. Luego, sorteábamos otra vez, pero en este caso, todos los papelitos estaban en blanco, menos uno que decía ASESINO. 

El único que podía decir previamente su rol, era el detective, que tenía que salir de la escena, apagando la luz. A continuación, el ASESINO debía - a oscuras - tocar a algún compañero y decirle en el oído cómo tenía que morir, por un disparo, envenenamiento, golpe, etc. y la víctima debía decirlo en voz alta.

En cuanto se prendía la luz, yacía un cuerpo en el suelo. Ingresaba el detective y comenzaba a interrogar a todos en la sala. Hacía las averiguaciones correspondientes para saber cual era el rol de la víctima en la casa y tras las declaraciones de los demás, y sacando sus conclusiones - analizando a quienes podían tener coartadas, a quienes se aliaban entre sí - a veces descubría al asesino, a veces no... incluso - sin saberlo - algunos se aliaban con el mismo asesino y terminaban siendo cómplices.

A veces, nos tomábamos tan en serio el juego que - al día siguiente - cuando había amigos de José e Isabel, los hacíamos pasar papelones.

Cuando llegó Alberto (es un nombre inventado porque no recuerdo el verdadero) no nos gustó ni a Lucas ni a mí. Tenía el pelo engominado hacia atrás, una remera a rayas marrón y beige, bermudas y unos lentes de sol que le ocultaban los ojos. Estaba prolijamente afeitado y traía un perro odioso que permanecía atado.

A diferencia de los demás hombres, Alberto no se quitó la remera mientras hacían el asado. Lucas - que adoraba el rol de detective - dijo:

- Es sospechoso... seguro que tiene alguna marca que no quiere que veamos.

Antes de comer, Alberto se dirigió hacia la cocina, donde las mujeres preparaban las ensaladas. 
Lucas y yo lo seguimos y pudimos ver como - claramente - separaba en un plato aparte, ensalada para él. Disimuladamente regresó con los hombres, dejando su plato en su sitio de la mesa. 

Nos miramos con Lucas sabiendo lo que pensaba el otro: 

- Va a envenenar las ensaladas y se agarró un poco para él - de la que no tiene veneno - para no levantar sospechas mientras todos comen...

Por supuesto que ni probamos las ensaladas, e intentábamos que nadie lo hiciera, incluso arrojando un vaso de Fanta dentro de un bowl "sin querer".

Pero comieron. Alberto casi no comió carne.

Al rato, muchos se acostaron a dormir la siesta en diferentes sitios.

- Son los efectos del veneno - pensábamos con Lucas.

Alberto le llevó huesitos al perro. Aprovechamos para revisar su bolso. Tenía un pantalón blanco y una camisa mangas cortas:

- Para cambiarse cuando emprendiese la fuga - decíamos.

Encontramos un pastillero... con pastillas, por supuesto. Y supimos que ese era el veneno que había puesto en las ensaladas.

De repente, otro hombre levantó un bolso que contenía palos de golf.

- ¿De quién es esto? - preguntó.

- De Alberto - dijo José.

Lucas y yo nos miramos aterrados. Éramos los únicos que no habían tocado las ensaladas... 

- Nos va a matar a palazos - le dije a Lucas.

Ingresó Alberto a la casa, tomó el bolso con los palos de golf.

Lucas se abalanzó sobre él y me gritó que se lo quite, que él lo sostenía.

Alberto, medio risueño... medio avergonzado y sorprendido, preguntó qué pasaba. Isabel retó a Lucas.
Yo me quedé estática y no cumplí la orden.

Lucas empezó a gritar a los cuatro vientos que Alberto los había envenenado a todos y que nos iba a dar de palazos de golf. Me sumé, y ambos explicamos nuestras conclusiones.

Todos rieron a carcajadas. Alberto nos explicó que esas pastillas eran su medicación, y que separaba ensalada para él porque no podía comer con sal.

Al rato se cambió la ropa y se fue - con su perro horrible -  a jugar al golf.

10 comentarios:

Eric dijo...

Era yo el único nerd que leía esas novelas de niños detectives, cuyo nombre ya olvidé completamente, que prestaban en la biblioteca del colegio? Es posible. Todas las historias eran parecidas al relato de Ava, y hasta los 10, 11 años, no podía parar de leerlas.

Ava Gardner dijo...

¿Quién no jugó a ser Sherlock Holmes alguna vez?
Nuestro problema es que nos lo tomábamos demasiado enserio...

Lic_jasper dijo...

Demasiado en serio Ava...
Pero debo decir que me atrapo demasiado y que sus sospechas eran realmente para ser tomadas en cuenta!

Eric... alguna de "construye tu propia aventura" tenian algo que ver con detectives... Pero dudo que sean esas las novelas a las que te referis!

Andreievna dijo...

me muero de ternura!

Lin dijo...

jajajaja buenisimo!
Con mi amigo jugábamos a asustar a nuestros hermanos menores haciéndoles creer que los teníamos que matar.

Natalia Alabel dijo...

Eric, había unos libros que traían unos dibujos con la clave del misterio, los protagonistas era Amy y Lince unos chicos de 15 años. Te referís a esos?

[ D a n i e l a ] dijo...

http://italomamarracho.blogspot.com/2009/04/participar.html

Concurso de escritos !!
Si te interesa participar...
Yo participo :)
"La espera" se titula mi texto.

Saludos!

Gala dijo...

Ja ja ja!!! Me encanta jugar al asesino (hasta el día de hoy). Eso sí, uds si q se lo tomaron en serio... Tremendo viaje se comieron, eh?

Tomás Münzer dijo...

Jajaja, se hicieron la re película, buenísimo :P

Eric dijo...

Jasper: Los de Elige tu propia aventura son todo un clásico, pero no me refería a esos.

Natalia: No me suenan Amy y Lince como protagonistas, creo que el "detective" era un gordito que se llamaba (imaginativamente) Fatty...