miércoles 17 de junio de 2009

La facultad

Uno o dos días después empecé la facultad. Filosofía, en la sede de Puán. El primer compañero que conocí se llamaba Pablo. Dejaba las frases a medio terminar:

-El otro día leí un libro donde… –decía.

O si no:

-Creo que el problema de la izquierda es…

Y se hundía en un silencio pensativo, como si se hubiera dado cuenta de que la realidad era mucho más compleja que lo que había estado a punto de decir. Más adelante me enteré de que algunos opinaban que lo hacía para parecer más inteligente de lo que era. Yo no lo veía tan calculador, pero me aburrían sus silencios. Cualquier conversación corría el riesgo de extinguirse de repente. Además sabía muy poco de él: dónde vivía, por qué estudiaba, si le gustaban las mujeres, Los Simpsons, el grunge o el cine gore. La información más importante siempre venía en la segunda parte de la oración.

Nos habíamos anotado en las mismas materias: Lógica y Filosofía Antigua. Secretamente, yo anhelaba conocer a alguien más –una compañera, por qué no– para sacármelo de encima. Después de una semana podían distinguirse, a simple vista, tres clases diferentes de personas: los solitarios, que no hablaban con nadie, los que iban a todos lados en pareja, como Pablo y yo, y los que se aglutinaban en grupos grandes y vociferantes, como si se conocieran de toda la vida.

Y en el primer teórico, también lo conocí a Mariano.

Tenía un par de años más que la mayoría de los ingresantes. Remera de arquero, anteojos culo de botella y el pelo en torbellino hacia arriba, como un Astroboy de Liniers. Se reía a carcajadas en los momentos más inoportunos, por ningún motivo en particular. Algunos –como yo– iban con camisas deshechas, otros optaban por la remera holgada o la campera de jean. Los estudiantes más avanzados que nosotros se distinguían por su aire más pensativo, menos gregario, y por las poleras de lana. Al menos en algo, Pablo se les parecía bastante: hablaban como si las palabras fueran un cristal que podía romperse por cualquier exceso de verborragia. Todo lo contrario de Mariano.

El teórico de Filosofía Antigua se dictaba en el aula más grande de la facultad. El tema de la clase era la transmisión de la filosofía griega antigua hasta nuestros días.

Mariano levantó la mano.

-Usted mencionó “El nombre de la rosa” –le dijo a la profesora–. ¿Qué le gustó más: la película o el libro?

Un rumor se extendió entre los presentes. Alguno se rió. La profesora se tomó unos segundos para responder.

-El libro, por supuesto –dijo al final.

Dos o tres más se rieron. Después la clase, como si nada hubiera pasado, siguió su curso habitual.

Esta misma tarde, mientras Pablo y yo tomábamos un café en el bar de en frente, entró Mariano. Se dirigió hasta una mesa al lado de nosotros. Recio, impasible, pidió un vaso de leche tibia, como el protagonista de un western imposible, mientras la gente –nosotros mismos– hablaban de él alrededor.

-¿…del teórico de Antigua? –dijo alguno en voz apenas baja.

-...el boludo que preguntó...

-...la remera...

Mariano apuró el vaso de un trago. Se limpió los labios con el antebrazo.

-Bueno, ¿qué pasa? –dijo en voz alta.

Por unos segundos, la gente hizo de cuenta que no pasaba nada. Fue un brevísimo período de gracia. Si se callaba la boca, pedía la cuenta y se iba, no lo señalarían con el dedo. Seguirían hablando de él, pero en privado. Como un secreto culposo. Si se quedaba, si volvía a hablar, su fama de loco quedaría establecida para siempre. Y Mariano lo sabía mejor que nadie.

-¿Qué pasa? –insistió, casi gritando.

Ahora sí, los integrantes de las mesas empezaron a quedarse en silencio. Primero los que estaban más cerca, como Pablo y yo. Después, al cabo de uno o dos minutos, todo el bar se había callado.

-Mozo –dijo Mariano.

El mozo no se acercó.

-¡Mozo! –gritó otra vez.

El mozo dio unos pasos adelante. Mariano le alcanzó el vaso.

-Otra, por favor.

El ambiente seguía tenso. Nadie salió. Dos o tres personas entraron al bar y se quedaron paradas en la puerta, sin entender lo que pasaba. Mariano miraba hacia abajo, evitando las miradas de los demás.

-¿Qué miran? –preguntó Mariano en voz muy baja.

Levantó la vista, miró alrededor y la clavó sobre Pablo.

-Vos –dijo–. ¿Por qué me mirás?

Pablo tartamudeó.

-Nada –dijo–. Lo que pasa es que…

Y se hundió otra vez en el silencio.

-¿Qué? ¿Qué pasa? –insistió Mariano– Pregunté una boludez. ¿Es eso?

Pablo acarició el lomo del libro que había sobre la mesa. Todos los ojos del bar estaban puestos sobre él, y lo sabía. Se secó la transpiración de la frente.

-Es que...

Se quedó mirando. Los ojos de Mariano flameaban. Estaba loco. Como todos, había llegado a la facultad buscando un lugar. Pero se lo veía desencajado, un paso afuera de la realidad. Como yo mismo, como todos, pero de una manera mucho más radical. Pablo tragó saliva. Por fin –pensé– iba a saber qué le pasaba por la cabeza cuando no hablaba.

-Nada –dijo al final–, no pasa nada.

Y se calló.

Esa fue mi primera semana en la facultad. El sábado, Diego me contó que se quería casar.

29 comentarios:

Eric dijo...

Ayer no hubo post, hoy quedó un poquito largo...
La historia de Mariano sigue, era un personaje bastante raro. Próximamente, más entregas de este folletín!

Angie dijo...

Eric--> hasta a mi me pone nerviosa este muchacho no dijo nada. con eso soy medio intolerante, apuro a la gente a hablar, si tenés un punto, decilo!!!
ahora a vos te parece tirar la bomba de que diego se casa, al final asi como si nada. eso es maldad pura.

Ava Gardner dijo...

que buena escena... vaso de leche de por medio...
Como un Biff devaluadísimo y con gafotas.
De haber estado Marty la anécdota sería muy diferente...

Pablo era el bufarra??

Figo dijo...

hay gente a la cual la termica le salta de manera muy...peculiar...

bel! dijo...

Todo el relato sobre Mariano, Pablo y tu nueva facultad, para desp decirnos que Diego se quiere casar?
Y encima te importa si le gustaban Los Simpsons?

Genial!

Me encantó!

Ahora, no me extraña que te hagas amigo de Mariano ni de Pablo, en definitiva, la conclusión es que, no sólo te gustan las minas complicadas, si no los nuevos amigos tmb! Ja!


Abraxos!

Estrella dijo...

Buenísima la descripción de los personajes. Pablo, el que no termina las oraciones: ¡ja! Muuuy bueno.

Lord Khyron dijo...

No termina las frases, remera de arquero.......XD

priceless

Ava Gardner dijo...

me imagino a Pablo tipo Enzo Francescoli...

Diega dijo...

lo mio era mucho mas importante que esto

Ava Gardner dijo...

Diega, es la introducción para lo que vendrá mañana... (espero)

Minerva dijo...

Ay, yo hago lo mismo que Pablo

Diega dijo...

ava espero que asi sea
este con sus conflictos de escritor neurotico me tiene podrido
a bob kane nunca le paso

Directora de Orquesta dijo...

Yo completo las frases (no solo las completo, sino que las relleno, las desbordo)

Y ante la duda, completo las frases de los Pablos del mundo

Verborrea, le dicen.

Paula (Bera) dijo...

Lógica y filosofía... las odié y me costó mi último año escolar!!!

Ya está, ya hice catarsis.
Querido Eric, andás con imanes a cuestas???
Los atraés como moscas, jajaja!!!!

Pobre Mariano, estaba un poquito desubicado!!!
Iba a decir más cosas, pero acá no soy ácida, jajaaja!!
Tomando leche en el bar???
Vos estás jodiendo, no!!!!
Parece una peli de Scary Moovie, jajaja!!!

Besos Eric!!! Ah, coincido con Diego. Él merecía que te extendieras más con el relato!! Se casaba, che, no era joda!!!

Gala dijo...

Yo estudio filosofía en cba y puedo asegurarte q en mi facu tbn hay muchos personajes de calaña "inconcluyente" similares a Pablo (profesor*s, incluso). Un cuelgue, todo bien -tod*s los tenemos- pero cuando se vuelve un hábito sistemático no puedo pilotear la irritación; me ponen de los pelos!!!
En cuanto Mariano, me parece q lo banco, salvo x la remera de arquero... WTF?

Ulises dijo...

Qué vida intensa la de estos pibes, y siempre me aburrí muchísimo en Puan...
Me falto conflicto

Tomás Münzer dijo...

Decime que la camiseta no era la de Goycochea por favor!!!

Andreievna dijo...

unos empezando el laberinto de la abstracción y otros por firmar el laberinto de la concreta realidad. Igual está bueno pasar por ambos, no?

Salud!

Anónimo dijo...

Me imagino que en el post que viene le vas a hacer honor a Diega.
Tiene razón: Es MUCHO más importante que eso. Un tipo de familia como vos seguro comprende que esas manías de escritor neurótico son puras estupideces al lado de la vida comprometida con la familia.

Esperamos la participación de diega Eric, un abrazo!

Kitty Wu -MateriaLeve- dijo...

Me puse a reir cuando leí "Secretamente, yo anhelaba conocer a alguien más –una compañera, por qué no– para sacármelo de encima". Es el problema Puán sin dudas. Cómo me he escondido de gente en el aula Boquitas, cagada de frio en un rincón pero lejos del boludo que no dejaba de hablar en clases.

Natalia Alabel dijo...

Está muy bien escrito este post, tiene un estilo más literario que bloggero (como si tal comparación pudiese existir).
Aguante Mariano, sin esos personajes la facu sería un embole. Y además, eso de decir que el libro es mejor que la película es de snob. Son dos cosas totalmente diferentes. Es como preguntar si te gustan más los tornillos o las focas.

Gran Lady dijo...

En mi facultad también había gente rara (aunque a menor escala), gente que no terminaba las frases, gente que hacía preguntas tontas, gente que cuchicheaba, gente que se vestía como linyera y gente que se vestía como para una gala del Colón. Lo que nunca, nunca pero nunca ví, es a alguien tomando leche en el bar de la facultad.

Playmobil Hipotético dijo...

siiiiiiiiiiiiiiiii. siiiiiiiiiiiiiiiii.
siiiiiiiiiiiiiiiii.
aunque... nos estamos acercando a los momentos en que nos conocimos... creo que me asusta eso.

por cierto, hay un western donde eso es posible: john wayne viaja con un recién nacido por el desierto durante muchos muchos días. CUando está a punto de abandonar, ve un pueblo y entra en el bar: antes de desmayarse con el bebé en brazos, dice: "una cerveza para mí y un vaso de leche para el niño". Se llama 3 godfathers y es de ford.

Playmobil Hipotético dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Playmobil Hipotético dijo...

es verdad, natalia: no hay nada mejor que las focas.

Eric dijo...

Angie: A mí también me ponen nerviosos ahora. Antes tenía más paciencia... Ahí fue lo de Diega!

Ava: Tal cual, faltó Marty McFly... Pero si hubiera sido Marty, probablemente le hubiera pedido que me preste el DeLorean y andá a saber dónde terminaba...

Figo: Exacto! Y hay gente a la cual la térmica le vive saltando.

Bel: Muy cierto! Me gusta la gente complicada. Debe ser que en el fondo soy un tipo complicado. El problema es que, cuando la gente no es complicada, tiene tan poco para contar!

Estrella: Gracias! Me alegro mucho de que te haya gustado!

Lord Khyron: Ja! La verdad que la fauna era muy particular…

Ava: Sabés que tenían un aire...?

Diega: Bueno, sí, estaba entrando en calor... Ahí lo empecé a escribr, pero no arrugues ahora!

Ava: Gracias! Así fue nomás.

Minerva: Todo todo el tiempo?

Diega: Gracias por ventilar mi neurosis!

Directora: Debería haberte conocido en ese momento...!

Paula: Ja! Creo que atraigo a las moscas porque yo soy una de ellas... o algo peor, jajaj Mariano me daba un poco de pena. Estaba desubicado siempre. Eso era gracioso al principio, pero terminaba siendo un drama. Siempre se quedaba solo. Ahí fue lo de Diego!
Un beso!

Gala: Tal cual. Al principio a mí me parecía una característica curiosa, casi interesante, pero ahora ya no la soporto. Igual, por suerte, no eran todos así. La remera de arquiero... ja! Eso era increíble.

Ulises: Eso es cierto. El conflicto estaba, pero medio solapado, no? Igual creo que en todas partes era un poco así. Los conflictos en los 90 se parecían bastante a una telecomedia en todos lados.

Tomás: Sabés que creo que era...

Andreievna: Absolutamente. Hay que pasar por todas.

Kitty Wu: Me estremece tan sólo pensar en la posibilidad de que yo haya sido ese insoportable, jaja!!! Muy gracioso eso de esconderse en Boquitas, creo que muchos lo habremos hecho en algún momento. Sería muy divertido hacer una crónica de esas “escapadas”.

Natalia: Muchas gracias! Sí, la pregunta en sí misma era rara. A mí me encantaba Marcelo porque siempre salía con cosas desubicadas. En muchas cuestiones, no pensaba muy distinto de mi abuela de Ballester.

Gran Lady: JA! Supongo que esa rareza era parte de Puán, solamente. Desde Mariano, nunca más vi a alguien pidiendo “un vaso de leche tibia” en un bar.

PH: JAAA!!! Sí, se acerca el momento. Es más, se me acaba de ocurrir una idea: Querés escribir ese post?? Hasta ahora, el único personaje que cuenta las cosas de afuera es Diega, estaría buena otra visión!

Excelente la referencia al western. No conocía esa película!

Eric dijo...

Anónimo: Me acabo de dar cuenta de que olvidé responder tu comentario. Debe ser que, en el fondo, me asusta a veces ser tan transparente! Aunque creo que de eso se trata un blog.
Hoy mandé lo de Diega.
Un abrazo!

Dark Tide dijo...

Me trae lindos receurdos Puan: Ahí hice el CBC...

valentina dijo...

Eric: soy nueva por aca, me gusta como describiste todo, me imagino el patio...yo creo que lo que te ata irremediablemnte y de por vida es un hijo, no el casamiento....O sea que el pibe se case o no, ya está hasta las manos.....